En su limbo



Sentada allí me extiende su mano, 
en su trono luminoso a pesar de 
que a la realeza la aborrece.
 Sé que subió ahí de pequeña, 
se balancea por su curvatura 
cuando esta alegre, y de su 
extremo se cuelga cuando 
en sus ojos oscuros llueve. 
Tan niña, tan mujer y tan compañera. 
Me invita a subir de su mano con un beso. 
Mi piel remueve sus asperezas. 
Mi avejentado ser no se resiste, 
es la misma atracción que ejerce 
el planeta tierra con su propia luna. 
Ella sigue sentada ahí. 
Esa es su luna y sabe que ella es la mía. 
Somos dos balanceándonos por esa curvatura 
a un paso de caer rendidos al sueño de su limbo.

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